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Y un día que navegué, lo hice.

Un día especial

¡Buenos días!

Como decíamos ayer, la fauna nocturna ha venido a visitarme de nuevo... con una pequeña diferencia. La pasada noche volví a soñar con bichitos y cosas raras... pero predominaban los sueños más íntimos que no voy a comentar aquí.

Supongo que esto pasa cuando te zambulles en aguas desconocidas y esperas que no te pase nada malo en el intento. Como cuando vas a la playa por primera vez en tu vida: Te fascina ver tanta agua junta, que no se derrama sino que se mueve suavemente... pero te aterra mojarte... hasta que alguien te coje de la mano y te invita a dar tus primeros pasos hasta la orilla... y ves que no es tan peligroso como parece.
 
Esto es lo que me ha sucedido a mí.
 
Empiezas con torpeza, recargándolo todo en plan gran estilista excéntrica, muy barroca... hasta que te das cuenta de que el estilo minimalista, con guiños aquí y allá, resulta más atractivo... sin menospreciar en ningún caso ese maravilloso estilo arquitectónico.
 
 
Fachada trasera de la Catedral de Santiago de Compostela
 
Va pasando el tiempo poco a poco y te vas dando cuenta de que no es tan complicado como parecía, así que te vas sumergiendo un poco más... y tus brazadas son cada vez más amplias y seguras de modo que te vas atreviendo un poco más cada vez.
 
Estoy convencida de que, en su momento, a no tardar demasiado, me complicaré la vida de un modo apabullante cuando me plantee la idea de ampliar fronteras y sumergirme en el mundo de la creación de una Web o algo parecido.
 
Por lo demás, esta que escribe está dispuesta a arriesgarse un poco más y subir un peldaño en la gran escalera del saber y el conocimiento.
 
  
La gran escalera...
Estoy en ello.
 
Un saludo.
 
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