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Y un día que navegué, lo hice.

¡Y parece que fue ayer...!

Una sutil forma de decirle a alguien que se está volviendo una abuelita es recordar otros tiempos, cuando se era más joven y dinámica. Le miras a tu interlocutor con ánimo de saltarle al cuello, pero una vocecita (nada preocupante, psiquiatras) te advierte de que es un pésima idea.

Puestas así las cosas, te sale la ironía y le recuerdas a ese burlón que te mira con cara de idem que si tú te has convertido en una abuelita marchosa y el sujeto en cuestión recuerda esas anécdotas... es que igualmente se está convirtiendo en un abuelete... no tan marchoso... porque necesita meterse con otras personas para olvidar que los años le van cayendo sutilmente también... pero con peor perspectiva... porque es hombre... y está bastante estropeado por una vida disoluta en sus años mozos.

Se te enfada. Sí. Te dice que tú eres más vieja. Sí. Y es entonces cuando puedes, a placer y sin alterarte, provocar un enfado aún mayor en ese cínico interlocutor diciendo que, siendo mujer, mis perspectivas de vida son mayores... y que, cuando sea un venerable anciano, yo seré una mujer madurita que disfrutará de su ¿séptima?¿octava?¿duodécima? juventud... con la sabiduría que dan los años y la vitalidad encerrada "por exigencias de género" durante décadas.
 
Ese ha sido el puntillazo.

Tu interlocutor te mira con cara de no saber por dónde le has metido la puñalada trapera. Sus amigotes masculinos se burlan de él diciendo que ya le habían avisado de que es una batalla perdida... mientras sus señoras, todas estupendas, me invitan a tomar algo "que pagan los tontos"... de manera que acepto de inmediato... ante las hilarantes bromas de todos ellos y las risas de ellas.

Por un segundo, mi mente regresa a esa etapa de la vida donde pensabas que lo sabías todo y las normas no significaban nada para ti. Recuerdo a una jovencita tímida que disfrutaba de cada segundo de la vida y descubría en cada uno de ellos un Universo para ser explorado... aunque todos dijeran de ella que tenía "una imaginación demasiado fértil"... por no decir que "la niña estaba loca"... Un poco chicazo, sí. Nunca gustó de muñecas ni vestiditos sino de sombreros de vaqueros, coches, caballos y pelotas. Y la jovencita creció. Y maduró. Y hoy es una mujer que se sienta ante el teclado e intenta recordar aquellos momentos para compartirlos con todo aquel que quiera tomarse su tiempo en leer este artículo o cualquier otro. Y esta mujer desearía poder ver la cara al otro lado de la pantalla y ver si ha conseguido arrancarle una sonrisa ¡de cualquier tipo!

Para vosotros, abueletes marchosos que sois capaces de disfrutar de vuestra madurez sin el más mínimo atisbo de vergüenza ni recato, ¡un abrazo tremendo!

Para vosotros, niños que os pensáis que siempre lo seréis, una colleja y a ver si os ponéis las pilas... que, antes de lo que creéis, os vendrá el crío/a de turno a deciros lo mismo... ¡y ya veréis las lagrimitas infantiles que se os escaparán!

Para todos vosotros, un saludo.
 
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